Despierto antes de entender que estoy despierta.No es un proceso natural, no hay ese instante tibio en el que la conciencia regresa poco a poco, estirándose dentro del cuerpo como si buscara su lugar.Aquí no. Aquí la vigilia me es impuesta con una precisión que roza lo quirúrgico. La luz ya está filtrándose a través de las cortinas, no demasiado intensa, no lo suficiente para ser violenta, y hay una presencia en la habitación que no pertenece a mis pensamientos ni a mis sueños, sino a algo externo, organizado, perfectamente sincronizado.Abro los ojos y no estoy sola.No hay sobresalto, no grito. No hay espacio para esa reacción porque, incluso antes de que mi respiración cambie, alguien ya está hablando.—Buenos días, señorita.La voz es neutra, modulada con una cortesía impecable que no busca cercanía, solo funcionalidad.Giro la cabeza apenas, lo suficiente para ver a la mujer de pie junto a la ventana, sosteniendo una tableta.Su postura es recta, su expresión compuesta, como si
Leer más