Vigilancia.

El silencio dentro de la mansión Armand no era natural, lo entendí desde el momento en que desperté.

No era la ausencia de ruido lo que lo hacía extraño, sino la sensación de que ese silencio estaba construido, sostenido por algo más grande, algo que no terminaba de ver pero que podía sentir en la piel, como una presión constante, invisible, que me mantenía alerta incluso antes de abrir los ojos por completo.

Me incorporé lentamente en la cama, consciente del peso cálido que me rodeaba.

Alaric.
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