No era capaz de reconocer mi propia respiración. Mi mente estaba perdida, mi zona íntima palpitando, mi coño se contraía solo, vacío. Estuve a punto de quejarme, pero sin previo aviso, me levantó con cuidado. Una mano en mi nuca y otra en mi espalda, protegiendo mi brazo herido. Me giró y me empujó suavemente hacia la cama. Caí sobre las sábanas, mirándolo desde abajo. Las palabras murieron en mi garganta, sintiéndola repentinamente seca. Mis ojos fijos en cada uno de sus movimientos al apartarse de la cama. Se quitó el saco, arrojándolo en el suelo. Hizo lo mismo con el resto de su ropa, sin ninguna prisa, como si supiera que no tenía escape alguno. Por instinto volví a cerrar las piernas, pero no hice nada para bajar mi camisón, el cual estaba subido hasta mi cintura. Cipriano quedó completamente desnudo en todo su esplendor. Su cuerpo definido por el entrenamiento, sus abdominales marcados, la marca en V de su cintura guiando mis ojos hasta su imponente erección, larga, grue
Leer más