El pasillo que llevaba al aula magna estaba inusualmente vacío. Me detuve frente a mi casillero para sacar el libro de Historia del Arte, pero antes de que pudiera cerrarlo, una mano se apoyó con fuerza sobre la puerta metálica, obligándome a retroceder.—Tenemos que hablar, Eira —la voz de Draco sonaba cargada de una arrogancia renovada, esa que usaba cuando quería reafirmar su poder.—No tenemos nada de qué hablar, Draco. Quítate —dije, tratando de empujarlo, pero él no se movió. Se inclinó sobre mí, atrapándome entre sus brazos y la pared.—¿Qué te pasa? —preguntó, bajando el tono, intentando usar esa voz seductora que antes me derretía—. Mi hermano dice cosas raras sobre ti. Dice que estás "despertando". ¿Es eso cierto? ¿O solo estás actuando para que me fije en ti de nuevo?En ese momento, por encima del hombro de Draco, vi aparecer a Petra al final del pasillo. Venía con paso firme, pero se detuvo en seco al vernos tan cerca. Una idea perversa cruzó mi mente. Si Draco quería jug
Leer más