La clase de Filosofía fue una tortura de noventa minutos. Keelen no me dirigió la mirada ni una sola vez, pero cada palabra que salía de su boca era un dardo envenenado. Habló sobre la traición, sobre la naturaleza voluble del deseo humano y sobre cómo los "espíritus inmaduros" buscan la validación en los lugares más mediocres. Draco, sentado dos filas por delante de mí, se removía incómodo, sin entender que cada ironía de su hermano mayor iba dirigida a él por haberme tocado, y a mí por haberl