El club L'Eclisse se había convertido en un torbellino de luces estroboscópicas y música electrónica que golpeaba las sienes de Pablo como un martillo. Isabella, en un acto de rebeldía silenciosa contra su propio mutismo, había dejado de rechazar las copas. Lo que empezó como un agua mineral se transformó rápidamente en ginebra pura, una tras otra, vaciadas con una desesperación que no buscaba placer, sino olvido.Ally, distraída por la música y el flirteo con un joven desconocido, no se daba cuenta del ritmo autodestructivo que llevaba su hermana. Pero Pablo sí. Él no le quitaba los ojos de encima, sintiendo cómo cada trago era un clavo más en la cruz que ambos cargaban.—Es suficiente, Isabella —dijo Pablo, apareciendo a su lado en la barra y poniendo su mano sobre el vaso que ella estaba a punto de llevarse a los labios.Ella se giró con lentitud. Sus ojos, antes fríos y cristalinos, estaban ahora empañados por una bruma vidriosa. Una sonrisa amarga, casi desencajada, se dibujó en
Ler mais