El trayecto de regreso fue un velorio en movimiento. El suave zumbido del motor y las luces de la ciudad pasando como ráfagas sobre el rostro de Isabella eran lo único que llenaba el habitáculo. Ally, en el asiento del copiloto, mantenía la vista fija en la ventana, sumida en un silencio de culpa, mientras en el asiento trasero, Isabella luchaba por mantener los ojos abiertos.
Cuando el coche se detuvo en el área privada del garaje de la mansión, lejos de las miradas de los guardias de turno, A