El club L'Eclisse se había convertido en un torbellino de luces estroboscópicas y música electrónica que golpeaba las sienes de Pablo como un martillo. Isabella, en un acto de rebeldía silenciosa contra su propio mutismo, había dejado de rechazar las copas. Lo que empezó como un agua mineral se transformó rápidamente en ginebra pura, una tras otra, vaciadas con una desesperación que no buscaba placer, sino olvido.
Ally, distraída por la música y el flirteo con un joven desconocido, no se daba c