—Papá ha tomado una decisión —soltó Matheo de repente, dejando los cubiertos con un sonido metálico que hizo que Isabella se tensara—. Y esta vez, no hay espacio para discusiones ni encierros bajo llave.
Isabella levantó la vista, manteniendo su máscara de hielo, aunque sus dedos apretaron la servilleta de lino bajo la mesa. Pablo, desde su rincón, agudizó el oído.
—Esta noche tenemos una cena privada —continuó Matheo, carraspeando—. Viene Lorenzo Valli. Su familia controla las rutas del Adriát