El sol de Apulia quema, pero no tanto como el secreto que Pablo Rizzo guarda en el bolsillo de su chaqueta. Es un sobre pequeño, un papel térmico con una mancha borrosa que, para cualquier otro, no significaría nada. Para él, es el inicio de todo. —Voy a ser papá, Martin — susurra Pablo, con la voz quebrada por una alegría que apenas puede contener.A su lado, su hermano mayor, Martin, aprieta el volante del vehículo oficial. Sus ojos, endurecidos por años en la fuerza, se suavizan por un instante.—Felicidades, renacuajo. Pero guarda esa sonrisa. Estamos a dos kilómetros del complejo de Apolo Greco. Si esto sale bien, hoy mismo le ponemos fin a ese reinado de sangre.Pablo asiente, sintiendo el peso de su placa de capitán contra el pecho. En la parte trasera de la furgoneta, el equipo de asalto revisa sus armas. Entre ellos está Cianna, su prometida, su compañera de vida y de armas. Ella le guiña un ojo, con el cabello recogido bajo el casco táctico. Se ve hermosa incluso rodeada de
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