Isabella se separó de Lorenzo con una brusquedad que lo hizo tambalearse en el sofá. Se alisó el vestido negro con manos temblorosas, intentando recuperar una dignidad que sentía desparramada por el suelo.—Vete, Lorenzo —dijo, con una voz que recuperó su filo, aunque sonaba quebrada—. La función terminó. Vete de mi casa.Lorenzo la miró con una ceja alzada, limpiándose el resto de labial rojo de la comisura de los labios. Se puso en pie, lanzando una mirada burlona a Pablo, que seguía de espaldas, y luego a Ally.—Vaya familia de locos —rio Lorenzo, ajustándose la chaqueta—. Mañana llamaré a tu padre, Isabella. Me gusta la mercancía difícil, pero esto ha sido... intenso.Cuando el sonido de los pasos de Lorenzo se desvaneció por el pasillo y el eco del motor de su coche se perdió a lo lejos, el silencio que quedó en el salón fue insoportable. Ally, con el rostro desencajado por la preocupación, dio un paso hacia su hermana.—Bella... por Dios, ¿en qué estabas pensando? —Ally extendió
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