Sean estacionó su deportivo plateado frente a la residencia de Elowen. La casa era una fortaleza de buen gusto, discreta pero imponente, rodeada de muros que parecían aislarla del mundo.Sean bajó del auto luciendo un traje gris impecable, sin una sola arruga. En el asiento del copiloto descansaba una caja envuelta en papel de regalo de una juguetería exclusiva de la ciudad. Su visita no era casual, entre la confesión brutal de Killian y lo que había visto la noche anterior, necesitaba confirmar su casi certeza, antes de compartir la información.Caminó hacia la puerta principal con paso seguro y tocó el timbre. A los pocos segundos, una mujer de mediana edad, vestida con un uniforme de ama de llaves impecable, abrió la puerta con cautela.—Buenas tardes. Soy Sean Andrews, socio de la señorita Valkirion —dijo Sean, regalándole su sonrisa más encantadora y ensayada—. Me retiré temprano de la empresa y, como no la vi salir, quería asegurarme personalmente de que estaba bien después del.
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