El deportivo de Fabiano rugía por las calles de París como una bestia liberada, el sonido del motor vibraba en el aire frío de la noche mientras las luces de la ciudad se estiraban en líneas borrosas a su alrededor, tenía la dirección grabada en la memoria y no necesitaba mirar nada más, su mente estaba fija, cerrada, peligrosa, giró en una calle más tranquila, redujo la velocidad y finalmente se detuvo frente a la casa, no era grande pero tampoco pequeña, lo suficientemente discreta para alguien que no quiere llamar la atención, salió del auto sin prisa, cerró la puerta con suavidad y caminó hasta la entrada con una calma que asustaba, golpeó tres veces, firmes, secos, y cuando Joshua abrió, no le dio tiempo a reaccionar, lo empujó con fuerza brutal haciéndolo caer hacia dentro, el golpe contra el suelo fue seco, contundente, cerró la puerta detrás de él sin apartar la mirada, sacó un cigarrillo, lo encendió con total tranquilidad y dejó escapar el humo lentamente, como si estuviera
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