En París, los niños corrían delante de Fabiano con sus caritas llenas de helado, riendo sin parar mientras él llevaba a Victoria en la espalda, y ella le daba pequeñas cucharadas de helado entre carcajadas.
—¡Una carrera hasta la casa! ¡Aunque tenga a mi princesita en la espalda les gano igual! —gritó Fabiano.
Los niños chillaron de emoción y salieron corriendo tomados de la mano. Marcel, que era el más rápido y fuerte, tomó a Micca y la ayudó a correr con él, mientras Fabiano arrancaba detrás