La tarde pasó entre encuentros intensos y dulces. Fabiano no dejó de tomar una y otra vez a Victoria, hasta que terminaron rodando fuera de la cama. Él la sujetó con fuerza contra su cuerpo mientras ambos quedaban enredados entre las sábanas en el suelo.
—¿Estás bien?
Victoria reía a carcajadas, completamente desnuda, con el cabello desordenado y las mejillas sonrojadas.
—Sí… ¿y tú?
—Mejor que nunca —respondió él antes de besarla.
—Se nos hizo chica la cama.
Fabiano sonrió con picardía.
—La cam