Días después…Para Valentina ya no había diferencia alguna. No hubo luz real, ni consuelo, ni tregua. Solo otra jornada más en ese encierro que parecía no tener fin. El tiempo ya no avanzaba para ella… se arrastraba, lento, cruel, como si disfrutara prolongar cada segundo de su sufrimiento.Abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso del cansancio en cada parte de su cuerpo. Los músculos le dolían como si hubiese luchado toda la noche, aunque sabía que lo único que había hecho era sobrevivir.Se quedó quieta, mirando hacia el techo, como si pudiera encontrar ahí alguna señal, una grieta, una respuesta… cualquier cosa que le indicara que aún había salida. El aire en esa habitación era pesado, viciado por el miedo y la humedad, una atmósfera que amenazaba con asfixiarla incluso antes de que pudiera ponerse de pie.—Nahla… mi amor… —murmuró con la voz débil, pero cargada de emoción—. No sabes cuánto daría por poder abrazarte ahora mismo, por escuchar tu risa, por sentir tus manitos rodea
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