El eco de los disparos aún vibraba en las paredes de madera cuando Alejandro, que había cubierto a Valentina con su propio cuerpo esperando el impacto final, levantó la cabeza.
El peligro inminente se había esfumado en un parpadeo violento. Héctor, que apenas un segundo antes apretaba los dientes preparando su último golpe desesperado para llevárselos con él al infierno, yacía ahora inmóvil. El charco de sangre que comenzaba a rodear su cabeza era el testimonio mudo de que su maldad había encont