Días después…
Para Valentina ya no había diferencia alguna. No hubo luz real, ni consuelo, ni tregua. Solo otra jornada más en ese encierro que parecía no tener fin. El tiempo ya no avanzaba para ella… se arrastraba, lento, cruel, como si disfrutara prolongar cada segundo de su sufrimiento.
Abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso del cansancio en cada parte de su cuerpo. Los músculos le dolían como si hubiese luchado toda la noche, aunque sabía que lo único que había hecho era sobrevivir.
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