La garganta le ardía como si hubiera tragado brasas. Intentó tragar saliva, pero la sequedad extrema de su boca la hizo toser. Se llevó una mano temblorosa al cuello, cerrando los ojos un instante, tratando de anclarse al presente y recuperar el control sobre sus sentidos.
Nada había cambiado en el exterior. Seguía allí. Encerrada en cuatro paredes que olían a humedad y miedo. Olvidada por el mundo exterior… o al menos eso era lo que sus captores se esmeraban en grabarle a fuego en la mente.
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