El ruido afuera no dejaba de crecer, como si algo invisible se estuviera acercando con la única intención de arrasar con todo. Ya no eran simples pasos ni murmullos lejanos. Había peso en cada sonido, una decisión firme detrás de cada golpe, de cada voz que no buscaba diálogo sino control. Era el tipo de ruido que no pide permiso. El tipo que anuncia que, pase lo que pase, algo va a romperse.Adentro, en cambio, el tiempo parecía haberse detenido en un punto extraño. Frágil. Como si todo dependiera de un hilo demasiado fino, de una respiración contenida por demasiado tiempo.Nadie hablaba.No porque no quisieran, sino porque todos entendían, en ese silencio compartido, que ya no había nada que las palabras pudieran arreglar.El chico seguía de pie, a pocos pasos de la puerta. Su mirada iba y venía, atrapada entre Lucas… y todo lo que se acercaba desde afuera. No había miedo evidente en su expresión, pero tampoco calma. Era algo más complejo, más humano. Como alguien que finalmente com
Leer más