La carrera no se detuvo de inmediato. Nadie dijo “paren”, nadie lo sugirió siquiera. Fue el cuerpo el que siguió avanzando por inercia, empujado por la adrenalina, por el eco de los disparos, por la sensación constante de que, si bajaban el ritmo aunque fuera un segundo, todo lo que venía detrás los alcanzaría. El ruido no desapareció del todo, pero se volvió más lejano, más difuso, como una tormenta que se aleja sin dejar de ser amenaza. Y cuando finalmente ese sonido dejó de estar pegado a la nuca, cuando ya no parecía inminente… fue ahí cuando pudieron permitirse algo tan básico como respirar.Karev fue el primero en detenerse. No lo anunció, no lo discutió. Simplemente levantó la mano, firme, clara, y eso bastó.—Aquí.El lugar no tenía nada especial. Un callejón estrecho, apenas iluminado por una luz parpadeante que amenazaba con apagarse en cualquier momento. Oscuro, discreto, olvidado por el movimiento de la ciudad. No era seguro. No era cómodo. Pero, por ahora, servía.Sofía l
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