El plan no tardó en ponerse en marcha, pero no tuvo nada de elegante ni de perfecto. Fue más bien una decisión tomada al borde del tiempo, sostenida por la urgencia y la necesidad de hacer algo antes de que todo terminara de salirse de control. No había espacio para corregir errores ni para revisar cada paso dos veces. Solo había intención, y eso tenía que ser suficiente.
Sofía fue la primera en moverse. Sus dedos volaban sobre el teclado con una precisión casi mecánica, enlazando sistemas que