Elena seguía sentada frente a una montaña de documentos, aunque el reloj de pared ya marcaba las nueve de la noche. La tenue luz de la habitación iluminaba los expedientes desordenados sobre el escritorio. No pensaba detenerse; las pruebas que buscaba aún no estaban completas.En medio de su concentración, el móvil de Elena, que yacía junto al portátil, vibró. Un mensaje de un número desconocido. Elena lo abrió y, al instante, se quedó gélida.Era una foto. En ella, Diego aparecía junto a una mujer. Estaban sentados muy cerca, y la mano de ella parecía acariciar el rostro de él. Por el ángulo de la imagen, se veían sumamente íntimos, como si compartieran un momento privado.Elena se quedó sin palabras. Jamás le habían importado los chismes, pero esta vez se sentía distinto. Llevaba días sin poder contactar con su marido, y ahora lo veía con otra mujer en Valencia.Sin embargo, Elena respiró hondo. Sacudió la cabeza y dejó el teléfono sobre la mesa, tratando de pensar con claridad
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