El empujón de Lía ha sido lo suficientemente fuerte como para hacer retroceder al Rey unos cuantos metros y sus botas, resbalando sobre la pista de baile pulida, han emitido un sonido que deja a todos helados.El silencio que sigue es absoluto, solo roto por el sonido de las copas temblando en las mesas cercanas.Magnar se recupera al instante, plantando los talones, pero no ataca. Sus ojos dorados buscan los de ella con desesperación, intentando cruzar la niebla tóxica que la envuelve.—Lía... —la llama usando su voz de Alfa, esa que obliga a las rodillas a doblarse—. Mírame, soy yo. Soy Magnar, tu esposo.Dentro de él, Fenrir rasguña las barreras de su mente, aullando de confusión y dolor. El gran lobo negro siente a su compañera, a Freya, pero ella no responde al vínculo.Es como si una pared de espinas hubiera crecido entre sus almas. Freya está ahí, pero está ciega, sorda y rabiosa.Lía tampoco lo escucha.Para ella, Magnar no es su compañero.La Raíz de Locura ha distorsionado s
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