El Gran Salón del palacio se ha transformado en cuestión de horas de un campo de batalla lleno de heridos y cadáveres a un espacio lleno de estandartes de seda blanca y plata que caen desde el techo abovedado hasta el suelo de piedra pulida.
Cientos de velas iluminan el espacio con una luz etérea, haciendo que el salón parezca un cielo estrellado.
Y no se puede esperar menos para la boda real. Una ceremonia que debería haberse planeado durante meses, pero que la marca ha exigido celebrar esta m