Tras la advertencia a Darius de no interrumpir, aunque el palacio se esté cayendo a pedazos, los dos se dirigieron a su destino.
Las manos a penas pudieron contenerse en el trayecto del Gran Salón a los aposentos reales. La puerta del cuarto del Rey se cierra con un golpe sordo, pero esta vez, Magnar corre el cerrojo de hierro con una finalidad que hace vibrar el aire.
No habrá interrupciones.
No habrá rebeldes, ni generales celosas, ni consejos de ancianos.
Solo ellos.
Lía se queda en el centr