El caos recibe a Magnar en cuanto emerge de las escaleras del subsuelo.
El pasillo de piedra, usualmente silencioso, es ahora el corredor de lobos que corren al campo de batalla. El humo de las antorchas caídas pica en la garganta y el sonido del acero chocando con el acero, de los gruñidos y aullidos, es ensordecedor.
—¡Proteged al Re…! —grita un guardia al verlo aparecer, pero una flecha le atraviesa la garganta antes de que pueda terminar la frase.
Magnar no se detiene. Con un movimiento flu