El sol del amanecer se filtra por las pesadas cortinas, pero Lía no necesita abrir los ojos para saber que el mundo ha cambiado. Lo siente en el zumbido constante en la base de su cráneo, un hilo dorado que la conecta con la mente que duerme a su lado.
Magnar está a su lado, aferrado a ella por la cintura, formando una maraña de extremidades que, cualquier otra loba no sería capaz de soportar, porque su lobo es grande y pesado.
Siente su sueño tranquilo, su posesividad incluso inconsciente, y u