El archivo de manila pesaba como plomo entre sus manos.Aryanna lo había sacado del escondite detrás del espejo hacía tres horas, justo después de que Laurent le confirmara que Silvain regresaría de Monterrey esa misma tarde. Tres horas para revisar cada fotografía, cada documento, cada prueba de que Isabella Moreau no había sido un fantasma de su imaginación sino una mujer real que había habitado estas mismas paredes, dormido en esta misma cama, caído en la misma trampa dorada.Y que había desaparecido sin dejar rastro oficial.Las fotografías estaban esparcidas sobre su cama ahora. Isabella en el jardín, sonriendo con esa expresión que Aryanna reconocía demasiado bien: la de alguien que todavía cree que puede controlar su propia vida. Isabella en la biblioteca, con un vestido azul que probablemente había elegido Silvain. Isabella en el comedor
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