-Suelte esa carpeta.Silvain no levantó la voz.Hugo Armenta, sin embargo, se quedó inmóvil en la puerta del ala norte, con la carpeta abierta entre las manos y una satisfacción tan limpia que resultaba obscena.Aryanna no escuchaba bien.La frase seguía golpeando dentro de su cabeza.La firmaste tú, Silvain. El mismo día en que murió su padre.Miró a Silvain.Por primera vez desde que lo conocía, no parecía tener una respuesta preparada. No había precisión en sus ojos. No había cálculo. Solo una palidez dura, casi enferma, como si Hugo no hubiera revelado una firma, sino una fecha enterrada debajo de su piel.-¿Es verdad? -preguntó Aryanna.Silvain no la miró de inmediato.Ese segundo fue peor que una confesión.Marianne apretaba la tarjeta de acceso contra el pecho. Lucien se mantenía cerca de la puerta, apoyado en el bastón, con una calma demasiado perfecta. Isolde observaba a Silvain como si lo estuviera viendo fracasar en público y no supiera si castigarlo o disfrutarlo.Hugo volv
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