—¿Qué chofer?
Aryanna sintió que la voz le salía desde un lugar desconocido.
Isolde no respondió de inmediato. Disfrutó el segundo. Lo dejó crecer en el pasillo como si el miedo ajeno fuera una copa cara y ella supiera exactamente cuándo beber.
Emilia apretaba la mano de Aryanna con tanta fuerza que los dedos de ambas dolían. Silvain estaba frente a Isolde, inmóvil, con el rostro endurecido y la sangre seca en la ceja. Bruno ya tenía una mano sobre el radio. Matías miraba hacia la salida. Céline