—No quiero escuchar eso.
Emilia lo dijo primero.
La carretera seguía oscura, cortada por la luz fría del teléfono en la mano de Bruno. La voz de Amalia Duarte ya no sonaba, pero había dejado una frase que respiraba entre todos como una cosa encerrada.
Si Aryanna quiere recuperar a su madre, tendrá que escuchar lo que su padre hizo la noche del accidente.
Aryanna sintió que Emilia le apretaba el brazo.
—No quiero —repitió su hermana, más bajo—. Ya nos quitaron a papá una vez. No dejen que también