Mundo ficciónIniciar sesiónEl polvo bailaba en los rayos de sol que se filtraban por las ventanas del tercer piso.
Aryanna pasó el plumero por el marco dorado del espejo francés, uno de los tantos tesoros que decoraban el ala este de la mansión Beaumont. Silvain había partido esa mañana hacia Monterrey —algo sobre una fusión empresarial que requería su presencia física— y no regresaría hasta la noche. Laurent supervisaba la llegada de uno







