Capítulo 47. Así nace Erissu.
El coche se detuvo frente al viejo taller y, uno a uno, bajaron. El portón chirrió al abrirse y el olor a polvo viejo salió a recibirlos. El espacio, aunque limpio, dejaba ver sus años: máquinas alineadas contra la pared, mesas largas de corte y un aire detenido en el tiempo.Seraphine fue la primera en adentrarse. Caminaba despacio, tocando aquí y allá, revisando los bordes de una máquina, tanteando la superficie de una mesa, como si estuviera leyendo una historia escrita en manchas de tiza y metal oxidado. Sacó una libreta pequeña y empezó a tomar notas rápidas, en completo silencio, absorta en su trabajo.Cassian, en cambio, no quitaba los ojos de ella. Sonreía apenas, como si cada movimiento —su cabello pelirrojo cayendo sobre un hombro, la forma segura de caminar— fuera un espectáculo reservado para él.Detrás, Eliot rodeaba la cintura de Seiya, pegándolo contra su pecho con naturalidad de novio reciente. Le besaba la mejilla con aire posesivo, ignorando que cada gesto suyo distr
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