Capítulo 54. Te pareces a mi nieto.
El auto avanzaba despacio por la carretera hacia Como, una ciudad más pequeña, más tranquila, donde el mundo parecía detenerse en su propio ritmo. Seiya sostenía el volante con calma, disfrutando de la brisa que entraba por la ventanilla y del reflejo plateado del lago que se abría entre los árboles. Había tenido días buenos, casi radiantes, y quería compartirlos con su pilar: su Ojii-san.En su mente, como un cuadro íntimo que se coloreaba solo, imaginaba un futuro donde sus hijas corrían libres en un jardín amplio, donde Eliot lo esperaba cada noche, y donde él podía permitirse una sonrisa sin miedo a perderla. Esa visión sencilla, casi ingenua, lo llenaba de calidez.El camino serpenteaba entre colinas hasta que, finalmente, los altos muros de piedra del retiro aparecieron a la vista. No era un lugar ostentoso: más bien una casona antigua, rodeada de árboles frondosos y jardines cuidados, como si el tiempo se hubiera detenido para ofrecer calma a quienes lo habitaban.Seiya estacio
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