Capítulo 43. Mi pequeño travieso
El motor del auto se apagó en el subterráneo de Oshōri, dejando a Seiya rodeado por un silencio que le resultaba intimidante. Tomó el ascensor con un aire contenido, como si cada piso que ascendía le añadiera un peso invisible sobre los hombros. La familiaridad del edificio no le daba calma, al contrario, cada detalle era un recordatorio de lo mucho que había dejado atrás.
Las puertas del ascensor se abrieron y el eco de sus propios pasos lo acompañó por los pasillos. No había cambiado nada: lo