Capítulo 48. Bajo el bonsái del adiós.
La tarde caía cuando Seiya estacionó frente a la casa de su abuelo. El lugar, de fachada occidental y discreta elegancia, siempre imponía respeto. Por dentro, sin embargo, respiraba otro aire: las paredes blancas guardaban paneles de madera oscura, había biombos con escenas de paisajes japoneses y un par de arreglos ikebana que, a pesar de su sencillez, parecían dominar el espacio. Sobre una consola, un pequeño bonsái que Akira cuidaba con esmero daba la sensación de que el tiempo allí avanzaba