SebastianReconozco la voz de Mercedes pidiendo ayuda, así que no camino, corro y empujo la puerta del salón sin tocar. La escena es clara, Evelyn está en el suelo, pálida, inmóvil, con el cabello extendido sobre el suelo y los ojos cerrados, mientras su madre permanece de pie a su lado con el rostro desencajado y las manos crispadas.—¿Qué pasó? —exijo, arrodillándome junto a ella, mientras siento cómo el pulso se me acelera con una violencia que no logro controlar—. ¿Qué le hiciste, qué le dijiste?Mercedes retrocede un paso, ofendida.—Yo no le hice nada, Sebastian, solo se desvaneció, empezó a marearse y cayó, eso es todo.No le creo, o tal vez no quiero creerle, pero ahora no hay tiempo para discutir, apoyo los dedos en el cuello de Evelyn buscando el pulso y lo encuentro débil pero constante, su piel está fría y el miedo me sube por la espalda como una descarga eléctrica.—Llama a una ambulancia, ahora —ordeno sin mirarla siquiera.Escucho cómo Mercedes tiembla al marcar el núme
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