SebastianNo creo en coincidencias, menos cuando mi matrimonio está pendiendo de un hilo y, de pronto, el fantasma del pasado aparece en el porche de mi casa como si el tiempo no hubiera pasado.Clara Whitmore se queda paralizada cuando me ve. Durante un segundo no digo nada, solo la observo, como si necesitara confirmar que es real y no una jugada de mi propia conciencia. Sigue siendo rubia, aunque el tono es más oscuro, menos luminoso que el de aquella noche en Bali. Sus ojos verdes me sostienen con la misma mezcla de desafío y miedo que nunca supe descifrar del todo. Más delgada, sí, pero igual de erguida, con esa forma de alzar la barbilla como si nadie pudiera someterla.Cinco años y no ha perdido eso. Ni tampoco esa forma de mirarme. La primera vez que la vi estaba descalza, riéndose con una copa en la mano, ajena a que al día siguiente yo firmaría mi propia condena en un matrimonio por conveniencia. Esa noche solo quería olvidar que me casaba por obligación, que mi apellido pes
Leer más