Evelyn
Llego al restaurante con los lentes oscuros puestos aunque el sol ya empieza a bajar. No es necesario que nadie me reconozca, pero necesito esa barrera, esa ilusión de anonimato. Me tiemblan las manos cuando empujo la puerta de vidrio y el aire acondicionado me golpea el rostro.
El investigador ya está ahí, sentado en una mesa del fondo con una carpeta cerrada frente a él. Cuando me ve, se pone de pie con discreción.
—Señora Evelyn.
Asiento y jalo la silla frente a él sin quitarme los le