Evelyn
Subo las escaleras con una determinación que no había sentido en años, pero no tiemblo esta vez. En el dormitorio, las maletas ya están cerradas sobre la cama, perfectamente alineadas, como si fueran la prueba física de que esto es real, de que no se trata de una amenaza lanzada en medio de una discusión. Es el final.
Llamo a uno de los empleados y le pido que suban las maletas al auto. La chica me mira confundida.
—¿Señorita Evelyn… se va de viaje?
Es curioso cómo en esta casa todos sab