Sebastian
Me quedo mirándola como si el suelo acabara de abrirse bajo mis pies. Siento el golpe en el pecho, seco, brutal. El aire se me queda atascado en la garganta. Durante un segundo creo que no escuché bien.
—¿Qué? —es lo único que me sale.
Ella está llorando. Siempre llora en silencio, incluso ahora. Asiente con la cabeza como si estuviera firmando una sentencia.
—Perdóname… yo no quería que te enteraras así. No quería que esto fuera así, pero ya no lo puedo seguir ocultando. Tú sospechas