Evelyn
Estoy recostada en la camilla con el olor a desinfectante clavado en la nariz y el zumbido constante de las máquinas marcando un ritmo que no siento propio, mi cuerpo está débil, pesado, pero nada de eso me inquieta tanto como el hecho de que Sebastian ya lo sabe, que esa palabra que yo había mantenido encerrada como un secreto, ya no me pertenece solo a mí. Si hubiera podido elegir, jamás se lo habría dicho, jamás habría permitido que me mirara con ese desconcierto y rabia, no quiero su