El tiempo volvió a hacer lo que mejor sabía: disfrazar el caos de calma.Habían pasado varios días desde aquel enfrentamiento en la oficina. Días en los que el nombre de Angus McRae no volvió a pronunciarse en voz alta, ni siquiera en pensamientos que Rowan permitiera quedarse demasiado tiempo.No había llamadas, no había amenazas, no había noticias, nada y eso, lejos de tranquilizarlo por completo, le resultaba sospechoso, pero también conveniente porque, por primera vez en semanas, la casa se sentía ligera, viva, normal o tan normal como podía ser una casa donde convivían Lily, Rebecca, Thomas, un hombre excesivamente territorial, una mujer embarazada con antojos impredecibles y una bebé que había decidido que el mundo entero era su patio de juegos.—¡Nefty, no! —La voz de Elara resonó por el salón, aunque estaba cargada de risa.Pero fue demasiado tarde. La pequeña ya había logrado lo que quería. Un jarrón, uno caro, uno que claramente no debía estar al alcance de manos diminutas,
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