Elara no podía apartar los ojos de Rowan. La luz de las velas se reflejaba en sus iris grises, dándoles un brillo extraño, casi suave. Nada que ver con aquel hombre frío y arrogante que había conocido al principio. Su corazón latía demasiado rápido y su mente era un caos. Ella pensó en todo. En aquel primer encuentro absurdo en la calle, en lo irritante que le había parecido, en su arrogancia, su desprecio, sus palabras hirientes. Pensó en la cárcel, en la humillación, en el dolor, en Francia, en el hospital, en el momento en que todo salió a la luz y en Grace. La rabia que sintió cuando descubrió cómo los había manipulado a todos, cómo había jugado con su orgullo y con el de Rowan. Cómo la había hecho parecer una mentirosa, una oportunista, una mujer sin dignidad. Recordó también algo más difícil de admitir: el esfuerzo de Rowan la primera vez que se disgustó realmente con él por pensar que se había quedado en aquella fiesta con Grace, las flores ridículas, las cenas desastro
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