La mansión Doone seguía en pie, imponente e intacta, pero por dentro ya no quedaba nada.Rowan y Elara respiraban bajo el mismo techo, pero vivían en mundos completamente distintos.Él casi no estaba y, cuando estaba, no existía para ella. No la miraba, no le hablaba y no reaccionaba. Era como si Elara se hubiera convertido en aire, pero no con Nefty. Nunca con su princesita.Como todos los días, Rowan estaba sentado en el suelo de la habitación de la niña, con la espalda recargada en la pared, mientras Nefty jugaba con unos bloques frente a él.—Eso no va ahí. —Murmuró él en voz baja cuando la niña intentó encajar una pieza al revés. Nefty lo miró, frunció el ceño y lo hizo de nuevo mal. Rowan soltó una leve exhalación. —Igual que tu madre. —Susurró sin pensar.La niña rio y, por un momento, solo por uno… todo dolió menos porque ahí, con ella, nada había cambiado.Él seguía siendo su padre y eso nadie se lo podía quitar.Desde la puerta, Elara los observaba en silencio, con el corazó
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