El regreso a la mansión Doone no trajo paz, trajo silencio, pero no uno tranquilo, no uno cómodo; era un silencio tenso, denso, lleno de palabras no dichas y miradas que evitaban encontrarse. Las vacaciones habían terminado de la peor forma posible y lo que antes era caos con cariño, ahora era caos con distancia. Rowan no le hablaba a Elara, Elara no le hablaba a Rowan y cuando se cruzaban, lo único que intercambiaban eran miradas cargadas de orgullo, enojo y algo más profundo, algo que ninguno quería reconocer. Lily y Fergus estaban peor; no se dirigían la palabra, ni siquiera se miraban. Si coincidían en un mismo espacio, uno de los dos salía sin decir nada. Era casi ridículo, si no fuera tan evidente la tensión. —Esto es insoportable. —Murmuró Rebecca, sentada en la cocina con una taza de café entre las manos. —He visto guerras más pacíficas. —Thomas soltó un suspiro largo. —Exagerado. —No. —Negó él. —Esto es peor porque nadie grita y cuando eso pasa, es porque todo está por
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