El aire en el despacho se volvió pesado, casi irrespirable. Rowan no apartó la mirada del hombre frente a él.
Había algo en esos ojos grises, algo que no le gustaba en absoluto, demasiado seguros, demasiado… familiares.
—Habla con cuidado. —La voz de Rowan fue baja, pero llena de amenaza. —Porque lo que acabas de decir no es algo que puedas sostener sin consecuencias. —El hombre sonrió apenas, sin retroceder ni dudar.
—No he venido a jugar, Doone. —Su tono fue tranquilo, pero firme. —He venido