El salón seguía envuelto en ese aire elegante y perfectamente ensayado, pero para Rowan todo había cambiado en el instante en que vio a Angus.
Nada de eso importaba ya, ni las risas suaves, ni las copas de cristal, ni las miradas interesadas de los invitados. Solo había una cosa en su mente: mantenerlo lejos de Elara.
—¿Seguro que estás bien? —Susurró ella, observándolo de reojo mientras saludaban a un par de empresarios.
—Perfectamente. —Respondió sin mirarla, demasiado atento a los movimie