Lunes por la mañana llegué a la oficina con plan: evitar a Mauricio hasta tener respuesta clara.El plan duró exactamente treinta minutos.—Abril, ¿tienes un minuto? —apareció en mi puerta a las 9 AM.—Claro.Entró pero dejó la puerta abierta. Señal de conversación casual, no seria.—No vine a presionarte sobre Santiago Capital.—Bien. Porque todavía no tengo respuesta.—Lo sé. Y está bien. Tómate el tiempo que necesites —se sentó en la silla de visitas—. Pero sí necesito que sepas algo.—¿Qué?—Ricardo presentó otra queja. Esta vez sobre el equipo de Minerva.—¿Qué queja?—Dice que Daniela y Javier no están calificados para proyectos de esa magnitud. Que los elegiste por favoritismo personal, no por competencia.—Eso es ridículo. Daniela tiene ocho años de experiencia y Javier tiene maestría en finanzas corporativas.—Lo sé. Pero Ricardo está construyendo caso sistemático contra ti. Cada proyecto, cada decisión, cada persona con quien trabajas. Está documentando todo.—¿Para qué?—Pa
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