Desperté con un plan: actuar normal.
Ver a León como siempre. Trabajar como siempre. Ignorar completamente lo que había sentido ayer en el gimnasio.
Fácil.
Bajé a desayunar a las siete. León ya estaba en la mesa con su tablet y café, impecable en traje gris oscuro.
—Buenos días.
Apenas levantó la vista.
—Buenos días. ¿Cómo estuvo con Sara anoche?
—Bien. Mojitos, terapia improvisada, lo de siempre.
Asintió y volvió a lo que estaba leyendo.
Me serví café intentando no mirarlo demasiado. El proble